Descripción
Suspendido en unas rejillas circulares, el ojo del testigo mira hacia el exterior, a la vez humano y máquina. Las ciudades se desmoronan ante sus pestañas, las torres anidan en su iris y, sin embargo, permanece abierto, sin pestañear. El «Circuito del Testigo» nos habla del peso de la vigilancia, de una memoria demasiado vasta como para cerrarla, una mirada eterna atormentada por lo que graba.





























